Día Mundial de la Mujer y la Niña en la Ciencia: Suerte y con Suerte

Autora: Ana M. González Ramos, investigadora del IESA-CSIC y coordinadora de Políticas e Investigación de Women in Global Health España

Si cada vez que me hubieran dicho “qué suerte tienes” en mi carrera científica hubiera guardado una moneda, ahora tendría un par de botes llenos. La mayoría de las veces, cuando alguien nos interpela con esa frase, se refiere a las dificultades de la carrera científica: el largo camino, la precariedad, las relaciones humanas complicadas, la resiliencia que debemos desarrollar después de recibir tantos: “su trabajo es muy bueno, pero lamentablemente…” para decirnos que esta vez tu proyecto no va a ser financiado o tu artículo no va a ser publicado o tu candidatura no ha sido elegida. La suerte entonces se refiere al hecho de que parece que solo una entre muchas personas consigue su objetivo.

Esto es cierto, pero sin duda hay lugar para el optimismo. Las investigadoras representan el 40% del total de personas trabajando en actividades asociadas con I+D en 2019. Según el mismo informe, España presenta una proporción de mujeres entre las personas graduadas de doctorado o equivalentes del 53% en 2018, por encima del conjunto de la Unión Europea. Aunque algunas áreas están conformadas mayoritariamente por hombres, las ciencias médicas cuentan con una proporción elevada de mujeres. Sin embargo, la brecha entre mujeres y hombres se invierte conforme se asciende a lo largo de la trayectoria profesional, quedando en torno a un 25% la proporción de mujeres en categorías de profesora de investigación o catedrática.

La carrera profesional es dura, requiere trabajo y aprendizaje continuo, no solo de conocimientos propios del área en que se trabaja sino también de los procesos de reclutamiento y promoción. Hay mucho por hacer, para hacer mucho más atractiva la actividad científica y para conseguir que hombres y mujeres puedan llegar a la posición que deseen sin tantas dificultades, dejando lugar a la investigación en vez de a las circunstancias en que se evalúa el trabajo realizado. Como este texto se enmarca en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), requiere un mensaje positivo de celebración y enviar un mensaje directo a las niñas y niños que ahora mismo están eligiendo qué quieren hacer cuando sean personas adultas.

Entonces sí, suerte, significa otra cosa. Quienes nos dedicamos a la investigación somos personas con suerte porque hacemos una labor apasionante y útil. Incluso el trabajo más rutinario tiene un objetivo: conseguir que tus hallazgos sean conocidos y puedan servir para que tengamos una vida mejor. Quizá no es un resultado directo, ha de pasar algún tiempo y que otras investigadoras o investigadores procesen las ideas que has ayudado a formular para que, finalmente, acaben siendo útiles. Entonces, sientes que has llegado a tu meta y vuelas ligera hacia un lugar especial que habías construido con tu empeño, sientes la suerte. Es un trabajo apasionante.

Es apasionante descubrir nuevos resultados y que ese conocimiento se derive en una solución. Como ha ocurrido con la bioquímica Katalin Karikó (Szolnók, Hungría, 1955). Su biografía refleja la historia de tantas otras mujeres que han trabajado en ciencia, nació en un pueblo pequeño, en un hogar modesto, estudio, se doctoró, viajo a otros países para seguir formándose y empeñándose en un trabajo de investigación que le permitía especializarse. Su línea de investigación no era prioritaria en ese momento, tuvo que cultivar mucha capacidad de resiliencia, “sus peticiones de financiación fueron rechazadas durante más de diez años”, cuentan en alguna web. Junto a otro compañero, consiguió patentar el proceso a través del cual producir el ARN modificado que en la actualidad ha sido fundamental para sintetizar las vacunas que en la actualidad hacen frente al virus SARS-CoV-2 causante de la pandemia COVID-19. En la actualidad, se habla de ella y de su compañero como firmes candidatos para ser galardonados con el premio Nobel. Independientemente de este premio, seguro que se han llenado de orgullo y satisfacción al ser conscientes de la importancia del trabajo que han realizado, del valor de sus resultados.

Muchas investigadoras e investigadores no gritaremos eureka con prontitud, pero no por ello es menos satisfactorio nuestro trabajo. Hay procesos intermedios igualmente satisfactorios: imaginar qué soluciones podemos aportar a un problema, discutirlas con nuestro equipo, viajar para conocer la opinión de otros investigadores, llegar a un punto en que confiamos plenamente en que vamos en la dirección correcta para acabar con un problema: una enfermedad, la pobreza, la desigualdad. ¿Qué parte no te gusta? ¿Qué elegirías cambiar? Tu trabajo diario puede contribuir a que desaparezca.

Te animo a participar en los actos organizados con motivo del 11 de febrero, en concreto el que organizamos desde Women in Global Health – España, juntamente con ISGlobal y CIPF:

¿Cómo es el día a día de una científica? Lo que siempre quisiste saber y, finalmente, te atreviste a preguntar

11 de febrero, 16.30 pm | Información e inscripciones aquí

Publicado conjuntamente con ISGlobal.